miércoles, 21 de marzo de 2018

Gandia, en el cor dels Borja



 Las escapadas de fin de semana, de una o dos noches casi siempre son una fuente de sorpresas, máxime cuando el impulso vital se llama improvisación. Fuimos a Gandía con el objetivo de desconectar un poco y de paso como mínimo, ver el Palau Ducal. Por las fechas entramos en territorio fallero (ya se sabe: de Benidorm abajo Fogueres, y el resto, o sea casi todo el País, Fallas) con la gente practicando lo que mejor se le da: desfiles por todas partes con toda la parafernalia: trajes de fallera (y fallero), mascletaes, dolçaina, música, trons de bac,...en definitiva la juerga como la entendemos los valencianos, aunque uno no sea mucho ni de uno ni de otro lado de esa frontera.
Un río Serpis más que seco contrasta con la abundancia de las aguas con que se riegan los fértiles terrenos de aluvión de los alrededores; unas playas más que cuidadas formadas por una sucesión de arena blanca que casi sin interrupción se alarga desde el Grao hasta Cullera, un playazo enmarcado en un elegante paseo marítimo tan hermoso como el que tenemos por aquí desde el Cap de l'Aljup hasta Aigua amarga pero mucho mejor urbanizada, a saber: no hay edificios interpuestos entre el paseo y la playa de manera que la vista y los sentidos se dirigen siempre hacia esas líneas nítidas que separan tierra y agua, cielo y mar.
Además de la Colegiata, un ejemplo perfecto de gótico valenciano, tres sorpresas de cierto interés me esperaban, ejemplos de un tratamiento diferente a como se está haciendo en Elche: Un Mercado rehabilitado (El Mercado del Prado) en proceso de reconversión a lo que denominaré "gastro-mercado" un lugar en el que es posible consumir directamente los productos adquiridos aprovechando al máximo el edificio (una notable estructura de hierro de 1932), los puntos de venta y las sinergías que se crean en una zona comercial al aire libre. Según me dijeron, de los 56 puestos con que cuenta, solo queda uno en proceso de adjudicación y pese a que por el carácter especial de las fechas estaba casi  todo cerrado, el lugar estaba bastante animado.









La segunda sorpresa son los pasos que va dando el Ayuntamiento de Gandia para recuperar y poner en valor los refugios antiaéreos que (como aquí) se van redescubriendo. A destacar que buscó y obtuvo ayudas de la Generalitat Valenciana para ello.

Y la tercera, no por menor menos interesante consiste en que se va marcando en el suelo mediante clavos el recorrido de la muralla que los Borja contribuyeron a ampliar y mejorar y se me ocurrió que algo así es posible y fácil hacerlo a lo largo del recorrido urbano de la Sèquia Major y  sus ramales, la red de riego del Palmeral que hoy en día se presenta con un trazado parcialmente urbano. Y digo más; si el agua fuese limpia podría exponerse al visitante parte de su recorrido al descubierto como se ha hecho con Candalix en el Parque Municipal, en lo que sería un ejemplo de coherencia entre cultura, turismo y patrimonio.

Nos hizo la visita una guía más que preparada para comentarnos las bondades del edificio, así que en algo más de dos horas tuvimos una buena ración de historia y arquitectura. Si la visita al Museo Borghese en Roma es obligada, debe completarse antes o después con este palacio Ducal, redondeando así una perspectiva histórica de los Borja que bien merece un itinerario monumental pues el edificio fue la cuna -y el sostén en sus primeros tiempos- de una de las estirpes más influyentes en la historia europea. Casi todos los veranos pasan por los archivos históricos personas de otros países de Europa con raíces ibéricas buscando alguna conexión familiar con los Borja, pese a la mala fama con que los trata la historiografía predominante. Pasamos por encima de la titularidad actual del edificio que compraron en su día los Jesuitas -tan presentes también en Roma- para honrar y recuperar a otro personaje importante del linaje: San Francisco de Borja, tercer Papa negro.
Salón de coronas

Galería Dorada
Final de la Galería Dorada, en relidad 5 salones conectados. Este se denomina Salón del cielo y la tierra, con un imponente suelo de azulejería valenciana con teselas concéntricas

Capilla neogótica
Oratorio del santo
Detalle del Salón de las Águilas
El palacio ducal no se termina de entender sin tener muy en cuenta el peso de esta familia en general. Ya el acceso desde el patio de armas a la sala de audiencias (Salón de Coronas) advierte al visitante: estamos en los aposentos de alguien tan influyente que es difícil no imaginar una larga cola de personas preparándose para pedir favores mediante una entrevista con la jefatura del extenso Ducado de Gandía que los Borja gobiernan como si fuese su reino. En definitiva un rey sin corona como a su vez se evidencia en la sucesión de salones emparentados directamente con el refinamiento del renacimiento italiano.
Detalle de la azulejería del salón
Detalle en la cámara de la Duquesa


Además de los salones me llamó la atención la presencia de distintos ejemplos de azulejería formando una colección notable que va desde la Edad Media al XVIII. Aprendí mucho.

Para saber más:
Memoria de la intervención sobre la Galería Dorada
http://www.jdiezarnal.com/palacioducaldegandia.html